Nuestro país se encuentra en un punto crítico entre las oportunidades y amenazas que representan local y globalmente el kick off de su estrategia hacia la transición energética y la descarbonización. La planificación inversa como engranaje del proceso ha revelado en sus avances de bureau las profundas brechas de planificación territorial de las zonas a desarrollar y un bajo nivel de innovación en el contenido de la decisión. Se innova, pero con decisiones limitadas, segmentadas (sectoriales), menos exigentes y más aceptables (Dente & Subirats, 2014).